A veces hay amores llenos de espinas que nos dejan el corazón lastimado, y nos obligan a tomar distancia para buscar un refugio y curarnos las heridas. Crecer es también saber retroceder a tiempo y decirle NO a lo que nos puede hacer mal. En algunos casos, renunciar no es cobardía, sino sabiduría de vida.
Ya llegará el tiempo de entregarse plenamente al amor.
Hay un puente que va de la infancia a la madurez. Cada uno lo cruza como puede, del otro lado está el mundo, esperando a los que tienen el coraje de soñar, de correr riesgo para vivir a pleno. El mundo necesita espíritus rebeldes que puedan cambiarlo. Almas que se atrevan a ponerle pecho a la vida y bandera blanca al corazón.

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